La esperanza me sirve


El día nueve de enero escribía sobre el amor… Estaba desilusionado y había perdido toda la esperanza. Llevaba seis meses solitario y pasaron seis meses más sin que me faltara el aire. Hubo un leve respiro en verano, un halo de esperanza que se desvaneció en un abierto mediodía en el que la luz apretaba fuerte y la oscuridad presumía a sus anchas. Valga las contradicciones del universo, la esperanza se marchitó aquella misma tarde.

No deja de ser paradójico que pocos meses después paseaba con ella por las calles húmedas de Salamanca. Era de noche y paramos en un bar a tomar algo. Defendía en ese instante la ineficacia de la esperanza, la fragilidad de la misma, el sentido ridículo de pensar que todo puede ocurrir, o no. Y en ese momento, ingenuo y despistado, no era consciente de que la esperanza empezaba a pasear junto a mí. Fue revelador descubrirlo días más tarde, en una noche de ópera, en un paseo nocturno, en una interminable conversación y en un abrazo infinito, poderoso, sentido, muy sentido.

La vida nos abruma con sus lecciones. Creemos saberlo todo pero siempre tiende a sorprendernos. Por eso ahora pienso con precaución, o mejor dicho, por eso ahora prefiero no pensar y dejarme llevar por el devenir de la vida. Ella es más sabia que nosotros y sabe ajustar los tiempos, los ritmos y las pausas para que nuestro pasear sea espléndido. Incluso en los momentos amargos, en las frías noches de nuestro invierno, en los infiernos más temblorosos. Todo encierra una enseñanza. Todo enseña un aprendizaje. Y ya ni siquiera me pregunto para qué, si al fin y al cabo moriremos sin despejar ninguna de las más antiguas incógnitas. No importa. Fluir con la vida y experimentarla en cada segundo es lo más maravilloso que puede pasarnos. Respirar… conspirar… respirar… conspirar… Ahí, en esa sencillez, reside todo. Respirar… conspirar… Y por eso ahora, casi un año después de aquel escrito melancólico, puedo decir que la esperanza me sirve. Y me sirve porque el amor se encarna una y otra vez dulcemente a la espera, inevitable, de que nosotros nos unamos a él, de que bailemos con él, de que nos abramos a él. Y cuando nos abrimos al amor, la vida se abre a nosotros y el milagro ocurre.

5 respuestas a «La esperanza me sirve»

  1. no os gustaria una broma tan ridícula , aquí tenéis mi regalo como os dije:
    YOUTube, creando utopías, solo os saldrá la palabra UTOPIA, HAY ES Q LO DISFUTEIS, SALUDOS, RESPECTO A LO QUE COMENTAS LOCO, te diré:deja te fluir , cuando abandones ese sentimiento de la búsqueda justo en el instante donde no te acuerdes hay! , surgirá! por que habrás aprendido a vivir con lo que tienes.

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