Encuentros y reencuentros


Tras unos días muy intensos en Barcelona, de encuentros y reencuentros con viejos amigos y viejas almas del camino, esta noche termina mi viaje por tierras catalanas. Hoy a las siete de la tarde, en el Fnac de L’Illa Diagonal de Barcelona presentaremos el libro de Gloria Martín “Nos recibirá la tierra”. Me marcho feliz por todo lo vivido, con un sabor hermoso. Y regreso con un deseo ardiente de volver al “hogar”, con una necesidad urgente de abrazar a los míos.
El sábado lo pasé muy bien con los viejos amigos de la infancia. Fuimos a cenar a nuestro querido “Potato” y disfrutamos de una noche hermosa recordando viejos tiempos y hablando de todo lo que había cambiado nuestras vidas en estos años. Ellos, que me conocen mucho, me notaron ese día algo triste, porque sentía cierta melancolía cuando me hablaban de sus familias ya hechas y yo no hacía más que recordar a la mía propia, que haberla hayla, al menos dentro de mí, en mi corazón.

El domingo tocó un bonito paseo con M., una buena amiga que conocí en el desierto del Gobi, en Mongolia. Tocó por la mágica montaña de Montserrat. Llegamos hasta una de las cumbres más altas y allí nos sentamos a meditar y abrir nuestros corazones al destino. Le hablaba de todo lo que sentía por dentro, de esa inquietud que tengo en el corazón por lo que siento y por lo que necesito. Expresé en voz alta la necesidad de volver a la vida sencilla de un abrazo, de un beso a los seres queridos, de un paseo por cualquier retiro…

Ayer también fue un día muy especial. Mientras comía en un restaurante vegetariano con la excepcional SP, apareció mágico y veloz el también excepcional Joaquinet… Por un momento nos sentamos los tres en un círculo mágico y hermoso y me gustó que pudiéramos coincidir, aunque fuera por un instante en mi Barcelona natal. Luego el círculo se completó con la también excepcional hija de SP, J., con la cual pasamos un buen rato en su casa haciendo fotos divertidas y jugando como niños chicos. Es agradable reencontrarte con amigos del alma y disfrutar de momentos únicos.

Horas antes había paseado por el barrio donde me crié con la hermosa M. Seguía igual de increíble a pesar de los años que hacía que no nos veíamos. Hablamos de nuestras cosas, de nuestros miedos, de nuestras esperanzas. Le contaba las ganas que tenía y sentía por recuperar el amor, la vida en familia, las cosas sencillas de la existencia que nos toca vivir. Fue hermoso el paseo y el reencuentro. Fue increíble comprobar como los sentimientos quedan intactos a pesar de que hacía más de veinte años que no nos veíamos.
Ayer fue un día especial… Un día mágico, bonito, para recordar. Un día de reencuentros, un día que ya no nos pertenece, porque quedó anclado en algún tiempo.

(Foto: ayer en el epicentro de la plaza Cataluña esperando a SP).

Una respuesta a «»

  1. Los encuentros, en general, siempre son geniales porque incluso con quienes quizá te entendías menos en aquellos tiempos, con el paso del tiempo y de las vivencias de cada cual te das cuenta de que es mucho más fácil entender a las otras partes. Esto en la infancia y adolescencia es más difícil, bastante tenemos con intentar entendernos a nosotros mismos y sin conseguirlo.

    También es verdad que añoramos lo que no tenemos y lo mismo que tú echas de menos esos hijos y compañera que te esperan, tus amigos deben echar de menos esos espacios de libertad que tú posees y que ellos ya no podrán tener. Somos una especie complicada el ser humano, pero también fascinante y tú eso lo sabes bien.

    Lo verdaderamente impotante es ir aprendiendo por el camino y eso, quien más quien menos, todos lo hacemos (así quiero creerlo).

    Qué bonito día hacía en Barcelona, cuanta luz…

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