Hábitos de residencia que ponen en peligro al residente


“Todas las enfermedades excepto las que se deben a accidentes, heridas que se infectan y a epidemias pueden ser atribuidas en esta instancia a alguna condición de los centros, y por lo tanto a energía incontrolada; a la energía excesivamente activa y mal dirigida, o a insuficiente y total carencia, o sino retenida en vez de empleada y trasmutada al correspondiente centro superior de energía”. (D.K.)

Siempre es interesante pensar sobre la diferencia entre fuerza y energía. Y más profundamente, entre fuerza, energía y rayos de influencia. La humanidad, el conjunto de la naturaleza, las estrellas, el cosmos, los átomos, todo está regido por ciertas energías y fuerzas que interactúan unas con otras. Nunca somos conscientes en nuestra vida común como esto afecta a todas nuestras decisiones, y qué fácil resulta, para el observador atento, descubrir por cuáles energías se rigen unos y otros.

Las emociones, los pensamientos, los actos, las palabras, las acciones… Todo es energía. Es fácil observar la fuente de la misma. Si existe una excesiva irritabilidad, violencia verbal, vociferaciones o pensamientos iracundos, estamos ante la manifestación de una energía de eso que algunos dan por llamar el bajo astral o el bajo vientre. Una persona que se deja dominar por esas energías, sufrirá dolencias en el plano físico de todo tipo, ya sea agravando su salud o perjudicando el estado de sus cosas.

Las personas preocupadas en sí mismas, en su ámbito más inmediato, en aquello que perjudica o beneficia su condición humana, su seguridad, su supervivencia, poseen una calidad energética diferente a aquellas personas que son capaces de observar los hechos objetivos buscando la belleza y la armonía de los mismos desde el amor o la trascendencia o la expresión. El continuado enfoque en dichas energías provoca hábitos de residencia que ponen en peligro al residente, tal y como explican los viejos adagios.

Debemos reconocer que somos unidades de energía que pueden o no dejarse influenciar constantemente por el resto de energías que nos envuelven. La coherente integración de nuestras energías en un solo punto focal provocará en nosotros cierta claridad y fuerza que nos llevará aún más lejos en nuestros propósitos. Y debemos ser conscientes de donde estamos enfocados para saber hacia donde deseamos ir.

Pero, ¿cómo distinguir entre fuerzas, energías y rayos, y además, reconocer su naturaleza y empleo, potencia y grado de vibración? ¿Y en qué grado nos beneficia todo esto?

Hay muchos métodos de identificación, pero el sentido común es el mejor de ellos. No es lo mismo la calidad de una energía que se rige por el placer, otra que se rige por el conocimiento y otra que se rige por la sabiduría. No es lo mismo comer un plato de alimentos desde el placer del bajo vientre, con la violencia congénita que esto conlleva; desde el conocimiento, analizando cada pulsión del proceso; o desde la sabiduría, aplicando las enseñanzas para que ese plato de comida se transforme en un alimento puramente energético que ayude a mantener una excelencia en nuestras vidas y un óptimo servicio hacia nosotros mismos y los demás. Lo mismo ocurre con todos los ámbitos de la vida. No es lo mismo tener sexo por placer o tenerlo desde la sabiduría y el amor incondicional. No es lo mismo ayudar al prójimo por placer o hacerlo por conocimiento de las causas y los arquetipos. No es lo mismo hacer las cosas desde la personalidad, desde el alma o desde la pureza del espíritu.

Desde la consciencia, debemos comprender que trabajamos todos los días con corrientes de energía y fuerza. Y según nos inclinemos hacia unas u otras, tendremos una vida u otra. Una vida generosa y brillante u otra oscura y arrogante.

No es lo mismo enfocar nuestras vidas hacia las corrientes energéticas del odio, la separatividad, el temor, el orgullo y todas esas energías que nutren los centros que amenazan llevar al mundo al desastre, o enfocarlas en una actitud amorosa, en la belleza de las cosas, en la armonía y la poderosa fuerza de todo lo creado.

Así estemos centrados en nuestras vidas, así será la calidad de nuestras energías y así será la calidad de todo lo que seamos capaces de crear en nuestra existencia. Sin aún saberlo, somos seres creadores y todo lo manifestado a nuestro alrededor tiene que ver con eso que día a día nos empeñamos en construir desde nuestra irritabilidad o amor, desde nuestro orgullo o actitud de servicio.

2 respuestas a «Hábitos de residencia que ponen en peligro al residente»

  1. mi kerido amigo omnipresente….decia mi abuelo: «»»No puedes impedir que el ave de la tristeza vuele sobre tu cabeza,pero puedes impedir que anide en tus cabellos»»»»
    Esa es la energia del creador…es decir…lo que tu quieras…sera….lo que tu desees..sera….lo que tu pienses…sera…..Somos energia, unidades de energia, como tu bien dices,,,de nosotros depende lo que queramos hacer con ella…construir,,,,destruir…y no solo se destruye a tu alrededor…la destruccion propia es la energia mas pesada…fluir, vibrar, construir o crear,,,todo lo que nos salga del chacra 4 hacia arriba ….esta lleno de amor,,de luz…del tres hacia abajo, solo son terrenales…hay que superar eso y vibrar en la esencia que somos…..la luz…nuestro destino y lugar de origen, nos espera.
    Princesa preciosa de las escocias……..

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