El Ojo de Horus o el éxodo de la mente


«El Ojo de Horus es tu protección, Osiris, Señor de los Occidentales, constituye una salvaguarda para ti: rechaza a todos tus enemigos, todos tus enemigos son apartados de ti».  (Libro de los Muertos).

Hoy hemos paseado por el bello y medieval pueblo amurallado de Pedraza, en la extensa región de Segovia, un lugar tranquilo y apacible que invita a la meditación silenciosa y a la observación del mundo. De eso hablamos precisamente, de lo virtual que resulta ver el mundo con nuestros cristales, nuestras experiencias, nuestras conquistas y nuestros ajustes constantes para intentar, como mínimo, cierta guía que nos conduzca por sus riveras. La mente construye el mundo, o lo va construyendo según nuestra memoria y nuestros registros pasados. Interactuamos con él en una virtual escena, con sus personajes, sus decorados, sus sesgadas parcelas de realidad y la subjetividad que en ellas mostramos.

Por eso, hay muchas formas de guiarnos por el mundo. Según nuestra experiencia, nuestros recuerdos, nuestro instinto, nuestra percepción consciente, nuestra intuición o incluso nuestros destellos de iluminación simbiótica con la realidad objetiva, esa estabilidad cósmica que nos conecta con el mundo.

Como El Udyat, el ojo mágico que permitía ver a Horus una realidad diferente, una realidad que trascendía lo visible y lo invisible, es decir, el ojo que todo lo ve.

De ahí que los filósofos hablen del éxodo de la mente. Es una forma de entender que la mente puede llegar a ser un obstáculo para la verdadera visión. Algo parecido explica el budismo y los practicantes de la meditación. La mente obstruida por nuestras experiencias y trivialidades diarias empaña la visión. ¿Cómo entonces desgarrar el velo de Isis?

2 respuestas a «El Ojo de Horus o el éxodo de la mente»

  1. «La meta del viaje del héroe hasta el punto gema, es encontrar esos niveles psíquicos que se abren, abren, abren, y la apertura última del misterio de tu Ser es La conciencia de Buda o del Cristo. Ese es el viaje; de lo que se trata es de encontrar ese punto quieto en tu mente donde todo compromiso se desvanece.»
    Joseph Campbell

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  2. Enlazando con el discurso de Y., hay un viaje previo que se inicia en el deseo de abandono del software educacional y termina en la toma de armas, las que permiten la busqueda del punto quieto que cita Carmen.
    Por eso el Cristo abandona primero la carpintería, después atraviesa su desierto y, sólo entonces, inicia el combate, que no culmina en la Cruz sino entre Olivos: «Hagase tu voluntad». Ahí es donde encuentra su punto quieto mientras los demás duermen… como no podía ser de otro modo.
    Probablemente a Isis se la desvela a través del dolor de la duda. La duda inmensa entre abrazarnos a la tentación, como el naúfrago a su tabla, o aceptar -tras el éxodo de la mente- la Voluntad, con su opereta de crucifixión.
    Abrazos para todos.

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