No me tienen paciencia


amor y fieras

Hoy alguien me ha dicho que el amor estaba ya finiquitado. Me he quedado helado y extrañado porque aún no sé como se puede finiquitar el amor. Nadie puede finiquitar el amor o la vida… Y he pensado, tras ducharme y calmarme, que el amor no se finiquita, sino que se traspasa.

Seguramente más pronto que tarde, por eso de que el amor es relación, habrá otra persona, otra ilación, donde se pueda provocar el amor, o admirarlo, o sentirlo, o explorarlo. Como toda relación deja un imprescindible aprendizaje, la próxima vez siempre promete ser mejor, más profundo, más verdadero, más sincero. Porque no podría ser que uno aprendiera para luego tirar ese conocimiento al olvido.

Por ello es necesario que no nos durmamos en nuestro propio y cansino aprendizaje y autoperfeccionamiento. Es inútil buscar o desear la perfección en cosas imperfectas, en laureles imposibles, por eso debemos adaptar nuestras vidas y corregirlas en la medida de lo posible, con tiempo y calma, para que dos cosas imperfectas y diferentes puedan acoplarse en una relación, sin que ninguno de los dos se pierda en la autocomplacencia.

Y nuestra juventud nunca ha tenido paciencia para esas cosas. Creen que el amor se acaba cuando a los dos o tres años la pasión se ha trasladado al plano de la amistad. Y esa amistad es la continuidad del amor en la relación. Ya no hace falta tirarse desde el armario para intentar colocar la postura 45 del Kama Sutra ni hacer piruetas cilíndricas en la vagina amada mirando hacia Bilbao mientras la pierna izquierda gira hacia Cuenca. Esas vicisitudes del amor está bien para darle cierto vigor y fuerza al momento inicial. Pero luego todo es más tranquilo, y es en esa tranquilidad donde se empieza a explorar lo verdadero. Y lo verdadero es una carrera de fondo que requiere mucho tiempo y mucha paciencia. No se puede descubrir fuego en una mañana, ni conquistar el verdadero amor en unos meses…

Así que voy a finiquitar lo absurdo para dar paso a lo sincero, aunque reflexionaré si lo absurdo se puede finiquitar. Sea como sea, el amor sigue ahí, en todas partes. Nosotros solo somos sus vehículos. Esta ha sido toda una revelación, toda una prueba para enfrentarme a la diferencia entre amar como sujeto y amar como objeto, o mejor dicho, amar sin importa el sujeto ni el objeto amado, puesto que ambos son impostores necesarios para su expresión.

5 respuestas a «No me tienen paciencia»

Replica a elcamaleón Cancelar la respuesta