Tres latidos


Ha sido una mañana fría y gris de otoño y Madrid, como siempre, estaba llena de coches, ruidos y rutina. La sierra oeste parecía más calma, más tranquila, más sosegada. Cogimos el coche y llegamos puntuales al que decían era el mejor lugar de toda la capital. La imagen estrecha, la impuntualidad y la dejadez aparente junto a cierto hacinamiento no parecía indicar precisamente eso. Pero allí estábamos, dispuestos a enfrentarnos a lo que la vida y el destino caprichoso quisiera.

Nos cogíamos de la mano y mirábamos al infinito. Por dentro, preocupación, nerviosismo y esperanza, sobre todo, mucha esperanza. Las noticias de estos días, con la guerra en Ucrania-Rusia y en Israel-Palestina nos tenía preocupados. Tantas almas desencarnando. Tanto dolor, tanta tristeza, tanta desesperanza. Fuera el mundo se autodestruía, y dentro de nosotros se abría camino.

Ella entró primero. La miré a los ojos como si de una despedida se tratara. Angustiado, quedé en la sala, esperando, esperanzado, nervioso, preocupado, irascible, iracundo. A los pocos minutos alguien pronunció mi nombre y me invitó a entrar. De repente, entré en una pequeña sala semioscura que parecía una de esas cámaras de reflexiones donde no faltan objetos simbólicos. Me imaginaba estar en ese ombligo del mundo donde todo se escucha, en esa matriz oscura, pero a la vez luminosa. En ese lugar imitable de los templos donde hay una pequeña calavera, un reloj de arena, una vela apagada, algún sabio pergamino, una cadena rota, una pequeña daga y un jeroglífico.

Sin embargo, en esa pequeña sala de reflexión había algo más. Vida, más Vida. Un hilo hilozoísta que atravesaba todos los corazones. Nos dimos la mano mientras llorábamos. Se hizo un silencio enorme y de repente, para nuestra sorpresa, se escuchó un pequeño latido acelerado. La emoción llenó la sala, la mayor expresión de alegría y esperanza se apoderó de nosotros. Felicidad, alegría, felicidad, alegría, y una gran esperanza contenida.

Allí, en esa pequeña cámara de reflexión, de Vida, se escucharon tres latidos. Uno pequeño, rápido y poderoso. Y dos grandes, a punto de explotar de la emoción. Tic, tac, tic, tac, tic, tac. Tres corazones en uno. Dos corazones latiendo en armonía en un mismo cuerpo y un tercero acompasando el ritmo desde el abrazo continuo. Magia, milagro, Vida, más Vida. Y esperanza, una gran esperanza, contenida, prudente aún, pero llena de gozo y de gracia. Tres latidos, así es el milagro sempiterno de la existencia. Así es el latido del Mundo.

9 respuestas a «Tres latidos»

  1. !Qué descripción tan hermosa de ese momento sagrado! Enhorabuena. Ya nunca volveréis a ser los mismos. No sólo se abre paso una nueva vida, vosotros sois ahora también nuevos seres. Disfrutad de cada instante.

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