Buen lugar para que muera lo añejo y nazca la nueva vida… Así son
los ciclos y las estaciones de la vida, muerte y resurrección.
Desde el Camino de Santiago
Abrazo sentido
(Foto: Ayer en Ourense. No le dije a MC que iría al acto. Cuando me vió, me dijo: «¿Pero no andabas por Alemania?» Fue muy emotivo el encuentro… http://www.laregion.es/galeria/564/12348 )
El hombre del gorro verde
Ourense, ocho de la noche. La sala de la fundación CaixaNova estaba abarrotada de gente. MC daba una conferencia sobre la crisis. Nos quedamos fuera de la sala pero poco a poco fuimos avanzando hasta que pudimos verle el rostro y escuchar con cierta claridad su voz. Había un silencio respetuoso, atento. Cuando hablaba, la gente creía estar escuchando a un dios… ¿sos un dios o sos un caballo? Qué importaba… Delante de mí había dos personas socialmente antagónicas. El hombre de pelo blanco, muy bien peinado y arreglado para la ocasión discutió con el hombre de la gorra verde, el cual, en un arrebato de locura, expresaba su emoción a cada palabra que salía del óvalo. La situación me parecía graciosa, casi dantesca, pero había algo que me llamó la atención. Había una especie de comunión, una especie de hermandad, de complicidad en el momento. Las palabras que pronunciaba la voz de la experiencia no dejaba indiferente a nadie. Estaban ante el mito consumado, ante el líder, como decían algunos en la sala, que todo pueblo en crisis necesita, aclama. Un líder que hablaba de finanzas y espíritu conjugando lo mejor de ambas cosas… Un líder que atrae tanto a un hombre reipenado como a otro, genuinamente borracho, que aplaudía en cólera a cada ocurrencia de M. Por un momento me sentí orgulloso de lo que estaba pasando. Y al igual que esos dos hombres antagónicos, me sentí cómplice.
Pd.- Por cierto, entre las anécdotas de la noche, se acercaron algunos amigos que me habían reconocido por la foto del blog llamándome «El Loco». Lo gracioso fue cuando una hermosa pareja se acercó y me dijo: «¡tú eres el payaso!» Bueno… pues a lo mejor es así… a lo mejor ahora soy un loco payaso…
Septentrión
Siempre buscando nuestro norte… siempre buscando en la brújula de la vida esa necesidad del viaje interior… Tomé la ruta de la Plata enfilando el coche hacia el septentrión… La noche del viernes la pasé al volante hasta que el sueño venció al trayecto. Paré en algún área de servicio en alguna parte de Extremadura… Al alba, seguí con la duda que nos asola en toda iniciativa, como si esa duda quisiera obligarte a volver a la seguridad de lo ya conocido. Pero sabía que debía seguir, debía llegar a ese destino circular y cerrar o abrir tantas puertas como fueran necesarias antes del mágico y renovador solsticio de invierno. Así que llegué a la frontera con Francia y atravesé el gran país parando a dormir en la noche del sábado en alguna parte cerca de París. Al día siguiente, el domingo, di un hermoso paseo por Bélgica y luego Holanda. Visité Rotterdam y Amsterdam, preciosas ciudades que enamoran al viajero e invitan a la hipnosis. Seguí atravesando el norte de Alemania y persuadido por la noche y el frío pasé puentes y estrechos, ínsulas danesas hasta llegar a la hermosa Copenhague. Era mi primera parada seria, emotiva, reflexiva. Dejé el coche en la calle donde un año antes había escuchado música junto al gato Tusse. Necesitaba estar allí, poder ver la ventana, aunque fuera desde la calle, y contemplar que las plantas de las macetas eran cuidadas y regadas por ella. Ver que seguía viva, allí, solitaria, en su mundo, buscando su árbol de Yggdrasil. Respeté su silencio. Pasé la noche fría y di algún paseo por la mañana. Seis mil kilómetros para comprender que todo estaba bien. Hice un pequeño ritual, una pequeña meditación de despedida. Cerré la puerta y seguí el viaje.
A media tarde llegué a Dannenberg, un bonito lugar en la increíble zona de Wendland, en la Baja Sajonia alemana. Allí estaba A., mi querida A. Se había trasladado desde su hermosa granja a un pequeño apartamento. Estaba feliz con su nueva vida. Lo había preparado todo para mi visita y había trabajado duro para que estuviera cómodo durante al menos una semana. Nos abrazamos y hablamos sobre nosotros, sobre nuestras vidas. Estábamos felices de volver a vernos. Comprendí cuanto la amaba al mismo tiempo que comprendí lo importante que es para mí su felicidad, y su felicidad está allí, en su país, con su gente. Por eso a la mañana siguiente, mientras ella oraba en la iglesia, me marché sin despedirme, al alba. No me hubiera podido marchar de aquella casa de otra manera. No hubiera podido mirarle a los ojos y decir adiós. Y volví de nuevo al coche, en silencio, en meditación, programando el nuevo futuro, sintiendo que las cosas están bien aunque a veces duelan. Seis mil kilómetros de intensa meditación, a solas, en ese pequeño templo móvil, un lugar ideal para sentirte más cerca del propósito… Renuncia, aplomo, desapego, equidad, fortaleza, desprendimiento, dolor, paz… palabras que venían una y otra vez… palabras que anuncian una nueva vida…
Desde las Vascongadas
Mismo lugar en una cualidad de tiempo diferente. Para algunos un
tiempo infinito y para otros una fracción mínima, dependiendo de si
se vive instalado en el tiempo mecánico, cuántico o absoluto. Sin
duda una nueva dimensión ha sido abierta, y de ahí la necesidad del
viaje. Hablaré de ello cuando de reposo a la armadura. Seguimos…
Desde Euskal Herria
Cerrando puertas
Llevo toda la noche viajando hacia el norte, siempre hacia el norte…
Más allá de las tierras de Argón y de Piren, incluso más allá de
las frías Tierras Altas… Atravesaré cuatro países y cerraré en
ellos todas las puertas del Abismo. El Guardián del Umbral me espera
con la Llave… La Fuerza me acompaña… Siento la Fuerza de las cosas
posibles… Empieza la batalla contra Maya y Dragon…
Desafíos
¿Ideas y libertad o fitoplancton?
One hundredth of a second
EDITORIAL WELTON. CRUZANDO EL ESTRECHO
Hace más de un año, en junio de 2008, nos reunimos en Los Asientos, una hermosa finca en la Sierra Norte de Sevilla para tejer las líneas maestras de lo que era un nuevo proyecto editorial. En aquella reunión, con bromas y risas, decidimos cual sería el nombre del nuevo sello. LV, su nuevo editor, con tan sólo 25 años, fue el que dio nombre a la criatura. La idea había surgido meses antes. En aquella reunión donde MC ejercía de maestro de ceremonias y guía de estos dos jóvenes aventureros se sembró una pequeña semilla que hoy por fin ha visto la luz. Ya teníamos un sello generalista que pretendía, de forma muy marcada, apostar por la cultura y el arte independientemente de que esta fuera o no comercial. Fue un sello que nació desde el corazón y a pesar de los altibajos del mundo editorial, así ha seguido. Séneca fue la matriz de todo lo demás. Luego vino Nous para dar respuesta a nuestras propias inquietudes espirituales. La nueva consciencia deseaba desplegarse desde el espíritu, y de ahí su nombre. Y nos faltaba equilibrar el dúo con un sello que hablara sobre las cosas de la vida, de la economía, de la política, de la empresa. Y ahí estaba LV con su propuesta y su ilusión. Y es así como en el equinoccio de otoño de 2009, tres años después de que naciera Séneca, la triada se ha completado. Ahora viene la tarea más difícil, pero también la más apasionante… Bienvenida sea de nuevo la ilusión…Traductores en Cataluña… del absurdo al ridículo…
La Serpiente Cósmica
Estuve en Dinamarca, como sabes, las navidades pasadas. Linda, amante también de los mitos me contó uno muy hermoso, el mito del árbol Yggdrasil. Según las leyendas nórdicas, en el libro de Kalevala, de tradición finlandesa, se explica el origen de los tiempos y se dibuja el mundo como si fuera un árbol rodeado de una gran serpiente. Encima del árbol hay una casa que llaman Valhall. Lo asombroso de todo es que en la tradición americana hay una leyenda parecida con un símbolo exactamente igual entre los indios del amazonas, un gran árbol rodeado de una gran serpiente y encima, una casa. Pude ver el paralelismo gracias a un antropólogo llamado Jeremy Narby, el cual escribió un libro titulado La Serpiente Cósmica. Allí, en la página 106 de la edición en castellano, venía el mismo símbolo que me había dibujado Linda en Copenhague. Así, la serpiente del mundo Ronín, rodea todo el Amazonas, es decir, todo el mundo conocido. Según el antropólogo Narby, la serpiente aparece en todas las culturas como portadora del conocimiento, ya que, de forma arquetípica, tiene semejanzas con las hélices del ADN.
Hay muchos paralelismos y creo que podrías centrarte en los dos árboles del Edén buscando semejanzas en otras culturas, por ejemplo, en la cultura nórdica con el árbol Yggdrasil, en culturas africanas como la Fon que hablan de Aida-Hwedo, la Serpiente Cósmica creadora del mundo y la cual rodea también un árbol en su centro, en fin, el tema es apasionante.
Las cosas buenas de la vida
La buena noticia
Los ángeles de Zway. Memorias de África…
Salimos de la escuela satisfechos. Preferimos llegar a la comunidad salesiana andando y así despejarnos tras las actuaciones de la mañana. Hacer el payaso sesión a sesión para más de dos mil quinientos niños de la etnia Oromo era realmente duro. En la misión nos esperaría todo el grupo para comer algo acompañado de engera, una especie de pan de sabor ácido elaborado con granos de teff, duro al paladar que no esté acostumbrado al mismo. Hacía calor en la ciudad de Zway pero el entusiasmo de los primeros días y el impacto con el país nos hacía estar aún algo frescos. Etiopía nos había impactado por muchas cosas, pero sobre todo, por la candidez de sus niños, por sus miradas profundas, por sus lamentos disimulados y respetuosos. Había en sus miradas una lucidez inusual.
A la salida, nos quitamos la nariz y el traje de payasos y abrimos nuestros rostros reales a los niños. Aún así, nos reconocieron al salir y se acercaron con prisa para abrazarnos y saludarnos, primero con timidez y luego con expresiva alegría. Nos cogieron de las manos y estrecharon fuertemente un lazo invisible que no deseaba abandonar nuestro paseo. Empezamos a cantar mientras paseábamos por las calles desnudas de asfalto, polvorientas y secas, plagadas de pobreza extrema. Nada importaba. El canto, el sonido de la Alegría era profundamente más potente que toda miseria. Los niños se abalanzaban unos contra otros, incluso aquellos que separados de la educación y el abrigo de la comida podían disfrutar del festín alegre. Había algo que nos parecía imposible. Esa manifestación de amor, de sinceridad, de cercanía era inverosímil en Occidente. La calle bullía de una extraña mezcolanza. Algo diferente en nosotros se estaba creando. ¿Hasta qué punto fuimos conscientes? Los mayores nos saludaban y veían como sus hijos danzaban entre nosotros con una luz radiante mientras guiaban nuestros pasos por ese laberinto de casas. Nos sentimos protegidos por esa lucidez y quisimos que las calles no acabaran nunca. La alquimia del contacto humano, franco y cercano, estaba bullendo en nosotros.
La satisfacción era plena. Estábamos radiantes, humanamente tocados por los dioses, esos dioses encarnados en las miradas de esos ángeles que revoloteaban con su dulzura y sencillez entre nuestra fragilidad occidental. Fue en ese instante cuando tomamos contacto con la realidad envolvente. Fue en ese instante cuando vimos que el milagro es posible y que los ángeles se encarnan en esos países para comprender la urgencia humana. África entera, nuestra cuna madre, nos acogía con candor, con ansiedad, con ganas de que dejáramos allí el recuerdo de nuestros ancestros y tomáramos la antorcha de una nueva vida. Algo sublime estaba naciendo dentro. Algo que sólo con el tiempo podemos llegar a entender.
Cuando llegamos a la entrada del mercado, de paso hacia la misión, la nube de niños-ángeles se había diluido. Habían vuelto a sus casas pues la jornada continuaba y tenían que ayudar cuidando las vacas o buscando sustento en las calles. La mayor parte de los etíopes viven de lo que pueden. Todos son empresarios de la pobreza, autónomos que pagan sus impuestos a la tierra que les alimenta. No existen clases parásitas, sino que cada uno tiene la misión de sobrevivir a costa de cualquier calamidad. Nadie trabaja por cuenta ajena, sino que todos lo hacen a cuenta de la vida.
El mercado era otro mundo. Allí estaban los niños que no iban a la escuela, los niños que no habían sido tocados por la diosa fortuna. Sus pies estaban arrugados, surcados por la tierra que se había instalado en sus extremidades desnudas. La pobreza se magnificaba con esa belleza propia de una raza de invencibles. Ayudaban a sus padres vendiendo cebollas o tomates, y los más débiles, simplemente aguardaban junto a ellos el terrible final. Era como si todo el pueblo estuviera allí vendiendo sus pobres y escasos productos. Los más modernos, los más afortunados, vendían ropas occidentales que nadie compraba. Las semillas, los tomates y las cebollas colmaban casi todos los productos. Algo de artesanía e instrumentos de labranza completaban el gran mercado, lleno de ruidos ordenados y sediento de birrs, la moneda oficial. Las carrozas tiradas por una famélica mula o un burro con los días contados, hechas de madera y de ruedas recicladas se amontonaban en las calles. El vehículo oficial de los etíopes era un reflejo puro de su modus vivendi. Un esqueleto móvil que tiraba a su vez de cientos de esqueletos agolpados en su interior.
Había imágenes que se habían quedado inmóviles en nuestras retinas. La muerte rondaba cercana. Había un hombre envuelto en mantas, muerto, rodeado de gente que se acercaba al carro que soportaba su levedad por la curiosidad de quién podría ser esta vez. La época de lluvias había terminado. Aún quedaba algo de verde en la sabana. Pronto, la imagen de ese hombre se volvería común, y el verde se volvería dorado y la tierra yerma se agrietaría a la espera de un nuevo amanecer. Las sequías en ese país son mortales y sólo la suerte determina quién pasa a la ronda siguiente de vida.
Llegamos a la misión tras el paseo. El grupo de voluntarios trabajaba afanosamente para dar lo mejor de sí. Los médicos sanaban, los destintas sacaban increíbles muelas roídas por el flúor excesivo que añadían al agua de los pozos, el equipo de agricultura intentaba reinventar la huerta y los educadores y etnógrafos rescataban leyendas y canciones, ritos y costumbres del pueblo Oromo. Habíamos llevado medicinas y cosas útiles, al menos cosas que nosotros pensamos que pueden ser útiles en aquel mundo donde no hay nada. A veces me sentía ridículo ante la imposibilidad de ayudar a todo el mundo y deseaba poder multiplicarme por cien para estar en todas partes. Visitamos la panadería de la misión y vimos como se obraba el milagro del pan. Un joven Oromo multiplicaba los panes seguramente esperando que algún día los escasos ríos sanaran para hacer lo mismo con los peces. En el pequeño orfanato de la misión vivía una docena de niños que habían sido abandonados en la puerta de la misma. A veces venían a visitarnos y nos abrazaban. Algunos enfermos, otros ya sanados, esperaban que la vida les brindara el calor que sus padres no pudieron ofrecerles. Comimos un trozo de pan recién orneado, caliente. Nada que ver con la ácida engera. Un pan que no llegaría a todos…
Había tanto por hacer… Pero ahí teníamos como ejemplo a cinco monjas que habían entregado su vida para sacar adelante a más de dos mil familias, día tras día, semana tras semana, año tras año hasta el final de sus vidas. Sentí cierto clamor interno. Veía esas mujeres que apenas dormían como trabajaban a destajo con una alegría de otro mundo en una misión que había crecido a base de esfuerzo y sacrificio imposible. Nosotros estaríamos sólo unos días y nuestra solidaridad era limitada. Pero la de esas mujeres era infinita, admirable. Habían creado con sus manos un pequeño paraíso en ese infierno de muerte y miseria. Y el paraíso era un punto de luz y esperanza en una tierra endiablada. Un clamor en el desierto humano, en la sabana hambrienta.
Por la tarde escuché el replicar de las campanas. Resultó extraño oír campanas en África. Así que fui curioso tras la llamada acompañado por la guía de una niña que había reconocido a Kili-Kili, el payaso. A la entrada y a la salida de la Iglesia algunos niños se acercaron para abrazarme alegres por el descubrimiento. El payaso también sabía rezar y quería compartir con ellos sus alabanzas. Entré en penumbra y me senté al lado de una de las monjitas. Había un coro celestial que cantaba unos ritmos cristianos con tonos africanos acompañados de un piano eléct
rico que agudizaba con melodías imposibles. La mezcla no podía ser más hermosa. Sentí una gran conmoción al escuchar las voces angelicales. Lloré, no pude hacer otra cosa. Había en aquel lugar algo extremadamente inusual. Algo que revoloteaba en el aire y que al respirarlo te preñaba de compasión. Etiopia, el país de los rostros quemados, hablaba desde sus ancestros comunicando su sabiduría en la tradición y el rito. Tuve la satisfacción de toparme con lo bueno y lo malo de la raza humana, pero sobre todo, tuve la satisfacción de reencontrarme con el reino angélico que nace en el mundo de los niños. La esperanza renace día tras día en África y todo se vive con la calma del ritmo vital.
En un acto político
Sobre las creencias…
INTERLINGUA

EDITORIAL SENECA presenta De Curiositate Naturali, con el texto original en LATINO y traducción a INTERLINGUA Y ESPAÑOL, una rareza que sólo editoriales no comerciales y con una clara vocación cultural pueden editar. Agradecemos la inestimable labor de Hermenigildo de la Campa, profesor de interlingua en la Universidad de Granada por su inestimable labor y colaboración.
La Universidad de Granada, atenta al devenir de los eventos y admiradora de tan eximio taxónomo, no ha querido subvalorar esta oportunidad y se ha puesto a trabajar en ello. Vimos realizables dos acciones. Primera, la publicación de una obra de Carl Linneo y la segunda, una Mesa Redonda donde podamos proclamar los valores educativos de tal maestro de la clasificación cuando tuviésemos la oportunidad de presentar la obra de Linneo ya publicada. Pero encontrar una obra de Linneo ad hoc, para este evento, no fue tarea fácil.
Mantran del Maestro El Tibetano
Soy un peregrino en el camino del amor.
No estoy solo.
Sé que las grandes almas y yo somos uno.
Y el servicio que prestamos es uno.
Su fuerza es mía y esa fuerza la reclamo.
Mi fuerza es de ellos, la entrego voluntariamente.
Como alma camino en la tierra.
Represento al uno.
La energía del viento
Este es el titular que recibo de Ecoticias. Como buen ecologista lo celebro brindando a todo lo alto con agua de manantial… Si queréis recibir el boletín diario de este portal podéis inscribiros gratis en www.ecoticias.com
Curiosamente tuve una conversación con el Águila Roja sobre el debate de las centrales nucleares… De aquí a pocos años y si la humanidad va por donde tiene que ir, no habrá necesidad de centrales nucleares: tendremos como alimento energético la fuerza del mar, del viento, del agua, de las mareas, del sol, de la biomasa…
Llega el otoño a Andalucía
Con un poco de retraso. Hasta hace pocos días aún íbamos en manga corta… He subido hasta el terrado de arriba y las vistas plagadas de nubes violetas y viento eran magnificas… Me he sentado a contemplar el espectáculo, a cual primer vigilante de un gran templo, poniendo orden en sus tres grandes columnas: la Belleza, la Fuerza y la Sabiduría… He saludado al atardecer con los cinco signos sagrados: el signo pedestre, el signo manual, el signo pectoral, el signo gutural y el signo oral. Ha sido cuando desde el interior de un corazón sencillo y sincero se ha desplegado el arco iris del oír y el callar…
Masón operativo
Está claro que las manualidades no son lo mío… Ya lo decía mi padre: «estudia hijo mío»… Soy una calamidad con el cemento. Si me vieran los gremios constructores me desterrarían de nuevo al Valle de Josaphat, lejos del alcance del chismorreo de las gallinas, del canto del gallo y del ladrido de los perros. Al menos, y esto ningún constructor actual lo sabe, era de donde venían los antiguos albañiles, también conocidos como masones o francmasones. Dicho sea de paso, dice la tradición que en ese valle, en el desierto de Tego, serán juzgados los gentiles al final de los tiempos… En fin, la inspiración operativa viene porque estoy corrigiendo los últimos capítulos de mi libro «Masonería, antiguos manuscritos», y ando con ganas de llevar a la practica lo que predico en los libros…
Haciendo mezcla
Los ángeles existen
La muerte espera
Desde que PL me habló de la enfermedad de su amigo no hago más que darle vueltas al tema de la muerte. O más que al tema de la muerte, al como nos enfrentamos a ella. Siempre vivimos en la paradoja de sentirnos inmortales. Nunca valoramos la vida hasta que no está amenazada por una enfermedad o un accidente. Sólo cuando la muerte mece nuestra cuna de cerca nos cuestionamos todo y entramos a una extrema habitación llena de temores, melancolías, tristeza, apatía y desdén. Los que se aferran a las creencias del otro mundo tienen resuelta en parte la papeleta. Baste con la fe y la esperanza para despreocuparnos de cuanto y como vamos a vivir. El resto, vive en una angustia encubierta, disimulada por el día a día y la rutina. Solo cuando nos quedamos solos y desconectamos del mundo somos capaces de enfrentarnos a la crudeza de la vida. En el caso del amigo de PL no le queda más remedio que enfrentarse de golpe a la realidad. Y aquí la actitud ante la vida juega un papel importante. Hace unos meses operaron a una buena amiga de cáncer. En todo momento tuvo una actitud positiva y eso le ayudó a enfrentarse a un destino que podía modificarse a cada instante. Me parecía increíble su alegría a pesar del sufrimiento interno. Si somos sinceros, todos, tarde o temprano deberemos enfrentarnos a la realidad angustiosa y quizás sea prudente ir cargado de creencias y adormileras o de una sensata reflexión sobre lo finito de nuestra existencia. No nos queda más remedio que ser vitalistas y vencer a la muerte con dosis extremas de optimismo. Tanto monta lo que hagamos, al final la muerte vestida de negra y seguramente con una gran guadaña bien afilada nos alcanzará. Estúpida muerte. La espero sentado, pero con alegre prudencia, con la esperanza de que por lo menos, detrás de ese tétrico disfraz aparezca una mujer hermosa…























