El Pleno Espectacular
Espacio y vacío
Pensaba pasar el puente en casa, limpiando, arreglando el jardín, contestando mails, leyendo, escribiendo… MA. me envió un mensaje y al poco tiempo ya estaba de viaje para visitar por segunda vez La Montaña. A la altura de Jérez, cosas de la vida, se le averió el coche, así que invertimos la visita y a las pocas horas andaba por tierras gaditanas. Aterricé en Conil y paseamos por ese hermoso pueblo hasta bien entrada la noche. Al día siguiente, nuevos paseos por la hermosa costa, tumbados en la arena o charlando sobre cualquier cosa con tal de sentirnos vivos ante el gran espacio y vacío que transmite el océano. Hacía tiempo que no sentía esa sensación de no hacer absolutamente nada con tal de sentir el placer de eso mismo, de no hacer nada, de no pensar en nada, de disfrutar intensamente de la buena compañía y dejarte llevar por el sonido de las olas. Era como estar bocarriba, mirando el cielo y dejándote mecer por el oleaje suave. Fue hermoso, muy hermoso. A la vuelta me esperaba Koldo en Sevilla. Comimos en la casa de una hermosa mujer suiza que amablemente nos invitó a saborear un arroz y una buena charla. Volvimos juntos a la Montaña con la intención de preparar el viaje a Etiopia. Estos días serán intensos y de ausencia, precisamente por dejar todo el trabajo listo antes del viaje…
En los Remedios de Sevilla
Desde Vejer
Desde Trafalgar
Blanco y mar
La carretera no tiene cultura…
De viaje a Conil de la Frontera
Hacia una nueva Cultura Ética
La revista Plural publicó un artículo de mi autoría… hay que dar espectáculo, como dice Nwanda…
http://www.revistaplural.com/?section=CulturaEtica&page=etica&idpage=2934&idcontent=2612&lang=es
Niña y abuelo con libro
Más para la historia
Hijo Adoptivo
La Banda de Música en la presentación
Presentación en la Rambla
Perdido en la campiña
Cuando salió de su tierra
La amiga Sanaa me envía este hermoso texto que describe como se siente una emigrante marroquí en Europa. Los occidentales tendemos a ver al otro con desconfianza y aprensión. Seguramente porque somos nosotros los que tenemos algún tipo de problema y pensamos que el otro está aquí para hacernos daño. Pero nada más allá de esto. Algunos de mis mejores amigos son extranjeros, y no miro su color de piel cuando les abrazo o miro a los ojos…
Casablanca, la capital económica de Marruecos. A su lado, un gran espacio profundo sobre el que se extiende un pueblecito llamado Darwa. Su rara estructura semeja un cuadro dibujado y su calma enorme transmite el sentimiento de que allí no vive nadie; allí reina la piedra, la tierra, la madera… la cultura musulmana marroquí. Allí vivía con su madre una muchacha, Safía, mientras el padre se emigró a Italia. Dos años más tarde el padre trajo a Safía y a su madre a Italia por la ley que apoya la “reagrupación familiar”. ¡Y aquí comienza la vida nueva de Safía en Europa! Es la única hija de sus padres; una chica inteligente, bien educada y muy responsable.
Cuando llegó a Italia estaba muy ilusionada ante el mundo que aparecía ante su vista: grandes ciudades, luces por todas partes y gentes muy distintas a las de su país. Día tras día iba descubriendo la ciudad sola porque su padre trabajaba todo el día.
Cuando se incorporó por primera vez al Instituto, ese día, Safía se sentía extraña y muy mal porque estaba sola; no tenía amigos. Tampoco sabía hablar; no podía comunicarse con sus compañeros ni con los profesores. Estaba todo el tiempo callada y mirando a los demás: hablaban y hablaban. Alguna vez se dirigían a ella, creía; pero era como un diálogo para sordos.
Como no estaba acostumbrada a no estudiar, Safía decidió trabajar duro, estudiar mas y mas para salir adelante. Y pronto pudo comunicar con sus profesores para pedirles que le ayudasen a avanzar y aprender a manejarse con los estudios. La verdad es que siempre encontró en ellos apoyo. A Safia le sorprende que todos los profesores le pregunten qué va a estudiar. Medicina, responde, o quizá Traducción e Interpretación. ¡Palmadita en el hombro y gesto de ánimo!
Valiente, muy valiente, poco a poco comenzó a entender lo que ocurre en la clase y en la calle y a encontrar compañeros que le hablaban. Y otros que no. Safia percibe que huyen de encontrarse con ella; cada poco alguien le pregunta si va a ir a clase con velo o porqué no lo lleva. Valiente pero a veces siente que no puede aguantar más y vuelve llorando a su casa. Quiere volverse a su país donde están las personas que la quieren y donde vivía en paz. No podrá ser feliz en Italia; tampoco puede volverse a Marruecos porque sabe el enorme esfuerzo de su padre para darle a ella lo mejor. Y a su madre. Solo queda aguantar y aguantar y luchar.
La única forma de integrarse y salir de la marginalidad es conocer a la gente, su forma de vivir, sus costumbres, conocer otras ciudades, viajar…Fue lo que hizo.
El velo le provocó muchas dificultades: no le dejaban entrar en las universidades, le miraban por la calle…Safia les mira a los ojos para entender su gesto. Pero no es siempre el mismo. No acaba de saber lo que encierran sus miradas.
Valiente. Luchar. ¡Fuera el velo!. Con un beso lento lo posa dobladito en el cajón: “no es tu momento, compañero”.
Tuvo que quitárselo para seguir su carrera. Pero eso no le hizo abandonar su religión ni olvidar su origen ni guardar y amar lo que le enseñaron sus bisabuelos.
Los pasillos de la Universidad le saben a triunfo con sabor amargo: “Vete a la mierda de tu país”, “Hija de la calle”, “terroristas de mierda”, “hijos de Ben Laden…” Un compañero le tiró sus cuadernos por el water.
Otros muchos la aceptan pero siguen interrogándole sobre su religión con preguntas extrañas, lo que le muestra que existe un gran desconocimiento de la cultura musulmana.
Hoy trabaja en un Hospital de Roma, casualmente en el mismo barrió donde habitó a su llegada a Europa. Su padre regresó a Marruecos tranquilo a respirar feliz la tranquilidad de su tierra, con el sentimiento de haber cumplido su misión.
Piensa Safía, sueña Safía, vive y trabaja en Europa, integrada, Safía… No es una mala onda la inmigración. La diversidad de culturas, el intercambio sociocultural es una gran riqueza para los países del Primer Mundo. ¿Por qué no lo ven? ¿Qué sería del mundo si cada país se encierra en si mismo y cierra todas las vías de comunicación? No saben que “tantas lenguas hablas ; tanto vales” ¿Y si todos fuéramos idénticos, con una sola cultura y una uniformidad de costumbres?. Los inmigrantes aportan a la riqueza económica del país que les recibe y de su país de origen. Y hasta los genes, como nos explicaba la profesora de Bioquímica, se fortalecen cuando se diversifican por el cruzamiento. Hablaban mucho de interculturalidad en la prensa y se les llenaba la boca con esta palabra en las conferencias. Ahora Safía va sabiendo y comprendiendo: la interculturalidad de la que tanto hablan debe de ser su misma persona.
Camino se hace al andar
En esta plaza, tras hablar con el loco poeta de la fuente, fui a presentar el libro de nuestro sello Nous «Camino se hace al andar». Allí estaban la amable Rosa, de la librería «La Compañía del Libro-Aletheia», David, de la Fundación Rich y el entrañable y amigo Ulises, el autor del libro. Fue una presentación calurosa, entre amigos. Ulises nos dio una buena charla sobre la comunidad, sobre su libro, sobre el individuo participante. Tras la misma, tomamos algo y hablamos un buen rato. Apareció Paqui que llegó tarde y la acompañé por las estrechas calles de la judería hasta perdernos en sus laberintos… Regresé sólo, tranquilo, despejado, intentando buscar en esa prueba del laberinto el corazón palpitante. Hermoso sentirse vivo… Camino se hace al andar…
El loco de la fuente
Me gusta hablar con los vagabundos. He visto uno cerca de la fuente y
me he sentado a su lado. Nos hemos presentado. Yo como Javier y él
como un poeta fracasado. Hemos hablado de la cotidianidad del fracaso
en tiempos de crisis. Mientras se marchaba mojándose las manos en la
gran fuente, pensaba con tristeza en el fracaso del producto humano…
Buen viaje poeta…
I Have A Dream
El Guardián de la Montaña
Los amantes del símbolo solemos observarlo todo con doble intención. Ayer, mientras que el amigo y colaborador de Séneca JM me enseñaba el museo de Bellas Artes de Córdoba, lugar donde trabaja como conservador, vimos que en su despacho había una construcción que alguien había hecho de forma casual o… causal. Se trataba de un triangulo formado por tres cuadros y coronado por uno de ellos con un gran 33 en su vértice superior. A cualquier amante de la simbología le llamaría pronto la atención. Si en alguna parte hubiera encontrado algún escrito donde pusiera «ordo ad chao», entonces la procedencia hubiera sido clara. Los símbolos son hermosos porque transmiten fuerza, y además, están escritos en un idioma universal. A. me coronó el otro día con un título simbólico y hermoso: «El Guardián de la Montaña. Me gustó el nombre, que añadido al de El Loco, suma más que resta… Símbolos que esconden una realidad que algunos intuyen de forma acertada…
Editorial Séneca en la historia
Preparando presentación de libro
Medidas anticrisis
Lo bueno de la vida es que a veces te encuentras con gente bonita que llega a tu existencia porque tienen alguna lección para ti, alguna enseñanza como las de Don Juan, llenas de sabiduría, una sabiduría que pretende conectarte con tu nagual para creer en la ola del Zubuya y navegar hasta las cuotas más altas del alma… Así es J., mi nuevo «compañero de piso», el inquilino, como me gusta llamarlo cariñosamente. Ingenioso, vivo, sincero, amable, servicial, y sobre todo, persona, como hoy ha señalado entre risas y bromas. Y además está lleno de sorpresas. La antena parabólica que ha fabricado reciclando un palo de pintura me fascinó. Pronto ha comprendido que a pesar de la fachada principal, la humilde misería sobrepasa los muros y sus ventanas. Pero es una misería sana, amable, que habla al otro de tú a tú y no necesita de máscaras. No se trata de ser hipócrita o presumir de falsa humilad. Él ha comprendido rápidamente que todos tenemos nuestras manías, pero sobre todo, que por encima de esas manías, es un lujo poder compartir un trozo de tierra que no nos pertenece, ni a él ni a mí, sino que lo usamos y compartimos desde la franqueza y la sencillez. Vivir de forma digna no significa tener mucho dinero, sino tener mucha alegría… Y si esa alegría puede ser compartida, pues mejor que mejor… Que así sea…
(Foto: antena casera apuntando al Meteosat… digo… en la terraza usufructuada)…
La vergüenza de ser político
Hace unos días visité la depuradora del pueblo. La persona que me atendió se quejaba de que los políticos sólo miramos lo que podemos vender a la calle. Puntualicé eso que tanto nos gusta a los que padecemos de repugnancia sobre algunos hechos indiscutibles: «algunos», algunos políticos. La depuradora, como no se ve, y a pesar de la necesidad urgente de invertir dinero en ella, pues está abandonada a su suerte. El domingo estuve paseando por La Montaña con MA. Hicimos parte de la ruta de «El Águila» hasta que llegamos por el sendero a la altura del cementerio. Para sorpresa de ella, allí, el sendero estaba literalmente soterrado en escombros y basura. Esto debe ser «el punto limpio», pensaría irónica ante mi presencia avergonzada. ¿Punto limpio? Sí, ese lugar que los ayuntamientos civilizados tienen para ordenar las basuras, escombros y otros residuos como el aceite que no pueden ser dejados alegremente, como ahora se hace, en cualquier parte. En el paseo por el sendero, en mitad del Parque Natural, veíamos como la dulzura de los pasos estaban bien acotados y encerrados entre alambradas de las fincas de los «señoritos». ¿Se imaginan pasear por senderos de montaña rodeados y guiados en todo momento por alambradas que cubren todo su trayecto? Las telas metálicas cubren incluso las cañadas reales… Y si dices todo esto públicamente saltarán los que viven de la apariencia y la ficción, y no los que claman realidad, diciendo que busco cierto desprestigio… No, busco que todos nos avergoncemos, no como pueblo, sino como humanidad, porque lo que pasa aquí, pasa en todas partes, y nuestra es la responsabilidad de levantar la voz, aunque clame en el desierto, y buscar soluciones reales e inmediatas. Ayer, los amigos de Participación Ciudadana nos dieron a los políticos una lección que nos subió los colores. Los políticos nos dedicamos a reunirnos y hablar de los problemas del partido, los problemas de nuestro ombligo y poco más. En doce meses y cientos de reuniones compruebas como nada avanza, como se hablan de las mismas cosas, como se rellenan los huecos del tiempo a la espera de lo que realmente importa: el poder. ¿Acaso pretendemos con el poder cambiar la realidad? No, los verdaderos actores del cambio siempre es la Sociedad Civil, como los amigos de Participación Ciudadana, que nos dijeron cual es la verdadera realidad y cuales son las soluciones que debemos los políticos ofrecer. Hasta veinte puntos enumenaron, veinte puntos que deberíamos grabar en nuestra consciencia para empezar, desde hoy mismo, a dar respuestas y soluciones… ¿Por qué la Sociedad Civil no asalta el poder? Sencillamente porque al hacerlo se volvería estructura, y por lo tanto, ya sólo vivirían, como la mayoría de los políticos, para conservarlo. Hoy hablaba con un concejal sobre todo esto y le prometí que hoy el tema sería político. ¿Qué podemos hacer? Nos preguntábamos… Ser sociedad civil… ser ciudadanos cívicos… ser ejemplo… El Sembrador de Estrellas
Luis María Ansón: la increíble verdad
Ojos azules
El martes por la noche llegué a Madrid. Descansé algo en casa de MC y por la mañana temprano fui dirección Aravaca a una entrevista de trabajo para profesor que conseguí gracias a la infinita generosidad de Joaquin. Me entrevistó Marta, una bellísima mujer que había creado de la nada un colegio de pedagogía Waldorf. Fue gracioso encontrarme con algunas exalumnas del curso al que yo mismo asistí en el año 2005-06 convertidas en mamás. El tiempo no perdona. La entrevista fue bien y la mañana intensa. Regresé a casa de MC y allí nos esperaba César, con el que fuimos caminando hasta el restaurante El Cacique donde esperamos a Luis para hacer una reunión de trabajo. Tras un fin de semana demoledor para los cuatro debido a las repercusiones internas de la presentación del libro «Memorias de un preso», dedicamos la comida a quitar tensiones y relajar expectativas. Debía marchar por la tarde pero MC me sugirió que le acompañara a un acto al que Joaquin le había invitado para dar una charla. Acepté encantado, preguntamos a Joaquin si era posible y por supuesto no hubo ningún tipo de problema, a pesar de tratarse, al parecer, de unos coloquios privados que organiza un grupo de gente de la alta sociedad. La charla se titulaba «Crisis económica. Crisis de valores». MC estuvo a la altura, como siempre, y nos dejó con la boca abierta. La verdad es que es un lujo escucharlo y es un lujo comprobar como su experiencia, su inteligencia y sus emociones acumuladas crean en él una especie de magnetismo carismático insuperable. El piso donde se celebró la charla era un sitio muy acogedor. Se hicieron interesantes preguntas con interesantes respuestas. Al final, un exquisito cóctel para volver a la tierra. Había muchos cuadros y me llamó la atención el de una hermosa mujer desnuda. Mientras lo contemplaba, se acercó la propietaria del mismo, orgullosa por su adquisición. Sin saber porqué, le dije que me encantaban los ojos azules de la mujer. «¿Los ojos azules?» Preguntó ella extrañada. Sí, creo que es una mujer de alguna exrepública soviética y además, de ojos azules. La propietaria me reveló, algo atónita, que el cuadro había sido pintado por un ruso y que tanto su marido como ella habían especulado sobre la modelo, que podría ser de, tal y como había adivinado, de alguna exrepublica. La verdad es que la adivinación no fue tal. El mismo día, valga las sincronías, me había escrito la hermosa Princesa de Kazan. Curiosamente, esta mujer es Ucraniana, bellísima y de nos grandes ojos azules. Y cuando vi ese hermoso retrato lleno de sutilezas y movimiento, pensé por un momento en una maravillosa escena de amor. Princesa y modelo, se conjugaron en un momento sincrónico que me hizo soñar y pensar que la realidad, muchas veces, podría parecer tan solo un minúsculo fragmento de algo que no somos capaces de entender, pero que supera con creces todo cuanto creemos. A ti, bella princesa…























