A la izquierda del roble


Hoy ha sido uno de esos días inútiles, donde todo lo que pasaba era fruto de la desesperación o la desidia. Un pasar las horas anclado en el recuerdo, o más bien en la esperanza. Recordaba, mientras mataba el tiempo en el jardín,  el poema de Benedetti, “A la izquierda del Roble”. Y no sé si les ha pasado alguna vez a ustedes, que se han sentido árbol o prójimo con el único requisito de que la ciudad exista tranquilamente lejos. Decía el poeta, y yo recordaba mientras arrancaba una a una las cepas sobrantes, que los insectos suben por las piernas mientras la melancolía baja por los brazos hasta llegar a las manos, donde, con un suave cierre de puños, la atrapa. Resulta que el secreto es mirar hacia arriba. Como si el amor fuera un brevísimo túnel y ellos, los enamorados, se contemplaran por dentro de ese amor. Y yo quería encerrarme en ese túnel y no salir. Vagaba, sin saberlo, como un muchacho que está diciendo lo que se dice a veces en un jardín cualquiera. Y en el mío no encontré robles, pero sí encinas. Y junto a ellas, desojaba una por una todas las flores que podía encontrar. Incluso había una morada, que a falta de pétalos, le arrebaté la sabia y sus hojas. Había algo de poesía en el gesto, algo de temblor y miedo, algo de rebeldía y rabia. Sentía un cuerpo caminando por el jardín, y un alma, arrebatada, que caminaba por una cocina de olores familiares, de bromas cualquiera, y de ese Ačiū! que recuerdo con la melancolía del momento. Pero dejemos al poeta, que lo expresa mejor:

 

Para mí que el muchacho está diciendo

lo que se dice a veces en el Jardín Botánico.

Ayer llegó el otoño

el sol de otoño

y me sentí feliz

como hace mucho

qué linda estás

te quiero

en mi sueño

de noche

se escuchan las bocinas

el viento sobre el mar

y sin embargo aquello

también es el silencio

mírame así

te quiero

yo trabajo con ganas

hago números

fichas

discuto con cretinos

me distraigo y blasfemo

dame tu mano

ahora

ya lo sabés

te quiero

pienso a veces en Dios

bueno no tantas veces

no me gusta robar

su tiempo

y además está lejos

vos estás a mi lado

ahora mismo estoy triste

estoy triste y te quiero

ya pasarán las horas

la calle como un río

los árboles que ayudan

el cielo

los amigos

y qué suerte

te quiero

hace mucho era niño

hace mucho y qué importa

el azar era simple

como entrar en tus ojos

déjame entrar

te quiero

menos mal que te quiero.

No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes

pero puede ocurrir que de pronto uno advierta

que en realidad se trata de algo más desolado

uno de esos amores de tántalo y azar

que Dios no admite porque tiene celos.

 

7 respuestas a «A la izquierda del roble»

  1. Venga ánimo arriiiba, que si no ya me veo juntándonos y haciendo (como hicieron unas amigas) una reunión sólo para llorar.

    Que tampoco estuvo mal porque se desahogaron y acabaron riéndose de todo cogiendo en ristre cualquier penuria.

    Ale ahí va y a bailar:

    Abrazos

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  2. Ah,otra cosita,además de «estar anclado en la esperanza»,despega como el logotipo de hoy de google,que pasas el cursor y sale el cohete.Así que despega con ESPERANZA.Otro abrazo grande,grande.

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